Reflexión sobre la Palabra de Dios 22 de marzo de 2020

Celebramos hoy el IV domingo de cuaresma. Domingo “laetare” (”alegraos”).
¿Pero con la que está cayendo se puede alegrar uno? Para más inri esta mañana al rezar las
laudes dice así la lectura: “Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis;
pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra
fortaleza” (Ne 8, 9a.10)
Está claro que “Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón”,
de la primera lectura de hoy. Necesitamos mirar la realidad con los ojos de Cristo. Necesitamos
que se de la vista a estos ojos acostumbrados a mirar desde la apariencia, acostumbrados a
mirar desde nuestros proyectos, desde nuestros criterios,.. Ojos que no son capaces de
reconocerle.
“El fue, se lavó, y volvió con vista”. Señor que también yo venga con vista. Necesito la vista
para reconocerte, para verte en medio de esta circunstancia angustiosa, que nos oprime.
Necesito la vista que me haga comprender de qué, o mejor, de quién, tengo yo necesidad.
Porque hemos dicho en el salmo que “el Señor es mi pastor, nada me falta”. ¡Pero si en esta
situación me falta todo! O no. “Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas
conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan”; “tu bondad y tu misericordia me acompañan todos
los días de mi vida”.
Devuélveme la vista como al ciego. Porque los fariseos veían, pero estaban ciegos. Fueron
incapaces de reconocer que el Señor, el Mesías, el Salvador, es uno que se hace cercano al
hombre, se hace compañero suyo de camino, se hace médico que devuelve la vista, se hace
agua que sacia el corazón (la samaritana), se hace luz que ilumina las circunstancias de la vida.
Devuélveme la vista para que comprenda, a través de esta circunstancia, cuál es el sentido de
la vida, para que comprenda por quién vivimos y para quién vivimos, para que comprenda
quién el camino, la verdad y la vida.
Sí, sí podemos estar alegres. Podemos tener la alegría de un Tú fiel y enamorado locamente de
mí. Amor apasionado que celebramos y agradecemos todos los días en la eucaristía. Que el
hecho de tener que estar en casa con la familia sea también la ocasión de dar gracias por los
que el Señor os regala cada día.
Pidamos por los enfermos, por sus familiares, por todos aquellos que los atienden. Pidamos
por los que ya han muerto. Pedimos especialmente por el padre Rafael, párroco de San Juan
XXIII, que murió ayer. Pidamos por todos nosotros, por nuestras necesidades y preocupaciones
Lo pedimos por intercesión de nuestra Madre, la Virgen María, ella que nos enseña a decir
todos los días, “hágase en mí según Tu palabra”.
Amén.